Perfiles de la nueva izquierda en la Argentina reciente

Acerca de las transformaciones de los movimientos de trabajadores desocupados autónomos

Bruno FORNILLO, Analia GARCÍA, Melina VÁZQUEZ
Instituto de Investigaciones Gino Germani (UBA) - Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)
Abstract: 

Considering the transformations that have taken place in the political conjuncture in Argentina, since Kirchner’s government and the dispersion of the unemployed’s organizations after the Masacre del Puente Pueyrredón (Pueyrredón Bridge Massacre); we propose to analyze what happened with the autonomous organizations, in the light of the constitution of the Popular Front Darío Santillán (FPDS) in 2003. Thus we will analyze: a) the way in which political-ideological definitions are produced, from the interpretation of the consolidation of the mentioned government and its strategies regarding the different sectors of mobilized unemployed , b) the ways of political construction of the FPDS, considering the interpretations and the reference to the organizational and mobilization experiences of the Movimientos de Trabajadores Desocupados (Unemployed Workers Movements) from which it was constituted, c) the transformations in the collective identity, originated in the transition from the recognition as an "unemployed movement" to the identification as a "multisectorial organization".

[ARGENTINA, AUTONOMISM, PIQUETEROS, NEW LEFT, ACTIVISM, COLLECTIVE IDENTITY]
Reference: 
(con)textos (2008) 1:41-58, ISSN: 2013-0864.

"Persistir en la utilización de consignas por el solo hecho de que fueron exitosas alguna vez; replicar mecánicamente las herramientas de lucha que nos ubicaron en un lugar decisivo y expectante, puede volverse, en determinado momento, un retroceso e incluso costar demasiado caro".

Mariano Pacheco y Esteban Rodríguez, La izquierda autónoma en el laberinto: Apuntes sobre el poder popular en Argentina

INTRODUCCIÓN

Durante las últimas tres décadas asistimos a una radical transformación del modelo de sociedad que caracterizó a la Argentina y que se apoyó en la formación de un Estado social en su variante "nacional popular". Dicho modelo se basó en una concepción del desarrollo ligada con la estrategia mercado internista y la industrialización por sustitución de importaciones, donde el Estado aparecía como el principal garante de la integración social a partir de una política de pleno empleo, que permitió la incorporación de vastos sectores de la población al mundo del trabajo y su acceso a los derechos sociales.

Desde fines de la década del ´70 se inicia un proceso de transformación social, consolidado durante las dos gestiones de Carlos Menem (1989-1999), que desmanteló la estructura social anterior e inició un proceso de descolectivización (Castel, 1997). Las políticas neoliberales arrasan la estructura salarial anterior, promoviendo el empobrecimiento, la vulnerabilidad y la exclusión social. Entre las transformaciones más significativas que introduce el modelo neoliberal, podemos señalar: a) la formación de un nuevo modelo económico fuertemente desindustrializador, basado en la valorización financiera; b) la reestructuración del papel del Estado, que modificó su forma de intervención en la sociedad a partir de la reducción del gasto público, la descentralización administrativa, la privatización de empresas públicas y la supresión de la intervención sobre aspectos centrales de la economía; c) la desestructuración del mercado de trabajo, que no sólo incrementó fuertemente los niveles de desocupación sino además la inestabilidad laboral, la precariedad y vulnerabilidad, d) el debilitamiento del poder sindical, que dejó de ser el principal aliado del Estado a partir de la reconfiguración de las alianzas políticas del tradicional Partido Justicialista (PJ). Así es como deja de ser el principal agente de socialización política de los sectores populares. En este sentido, las transformaciones mencionadas no sólo repercutieron en las condiciones materiales de los sectores de la población que formaban parte de relaciones salariales, sino que además se debilitaron las formas tradicionales de acción colectiva; e) la persistente crisis de representación de los partidos políticos (O`Donnell, 1997). Estos dos últimos puntos, permiten dar cuenta del modo en que se produjo la descorporativización de la protesta social, a partir del "desacople entre beligerancia social y sistema político" (Schuster et. al, 2006: 62), de modo que podemos observar el paso de una representación en el poder a otra en la cual la constitución de actores y sus demandas son contra el poder.

 

El surgimiento de las organizaciones de desocupados tuvo lugar en el marco del ciclo de protestas (Tarrow, 1997) que se produjo entre 1996 y 1999, donde adquirieron un protagonismo fundamental. Es a partir de la experiencia de los piquetes llevados a cabo en el interior del país -en las provincias de Salta y Neuquén-, que comienza a gestarse y se instala tanto un nuevo formato de protesta -el piquete- como la lenta conformación de una nueva identidad política, expresada en la reinterpretación de la figura del desocupado (marcado por la carencia y la condición de inactividad) por la de piquetero, que expresa el carácter activo y una resignificación de las condiciones objetivas. Posteriormente, nutridas por estas experiencias, se crearon organizaciones de desocupados en el conurbano de la Ciudad de Buenos Aires, especialmente en las zonas sur y oeste. Es destacable mencionar que existe entre ellas diferencias evidentes en diversos planos, fundamentalmente, en las definiciones político-ideológicas, formas de construcción política, el tipo de relación planteada con el Estado y las modalidades a partir de las cuales llevan adelante la escenificación de sus demandas en la esfera pública. Estas pueden ser agrupadas, en forma genérica, en tres vertientes principales. Por un lado, las que reenvían a una matriz de tipo sindical (tanto por la trayectoria de sus militantes y sus mecanismos de intervención en la escena política como también por el vínculo trazado con organizaciones sindicales); por otro lado, las de tipo partidaria (ligadas a partidos políticos de izquierda); y, por último, las autónomas, que rechazan la participación en contiendas electorales así como en instituciones públicas, reivindican la centralidad del trabajo local-territorial y la adopción de la asamblea como espacio central de toma de decisiones. (Svampa, 2005; Svampa y Pereyra, 2003)

Las organizaciones de desocupados fueron las que -desde el comienzo- hicieron cuerpo de los efectos trazados por el modelo neoliberal y de la desafección de las instituciones públicas, cuestiones que adquirieron máxima visibilidad, y se hicieron extensivas a otros sectores sociales, en la insurrección popular que tuvo lugar en diciembre de 2001. El entonces presidente Fernando De la Rúa había llegado al poder a partir de un discurso supuestamente renovador, basado en una retórica progresista que cuestionaba puntos significativos del modelo anterior. Sin embargo, las políticas implementadas mostraron una relación de continuidad con la gestión menemista, aumentando la disconformidad general al tiempo que la crisis económica y política se tornaba cada vez más evidente. La crisis de 2001 puede ser interpretada como producto de una percepción generalizada acerca de la pérdida de derechos civiles, políticos y sociales, es decir, la descomposición de los soportes de constitución de la ciudadanía, ocasionando de esta forma una crisis de legitimidad del sistema político representativo, que se expresó en la demanda "Que se vayan todos, que no quede ni uno solo" y que dio lugar a la renuncia del entonces presidente De la Rúa, así como de los sucesivos presidentes de transición (A. Rodríguez Saa, R. Puerta y E. Camaño) que se sucedieron a lo largo de diez días. La asunción de Eduardo Duhalde -el primer día del año 2002- como presidente interino de la Nación, se produjo a partir del compromiso de permanecer en la presidencia hasta octubre de 2003, completando el ciclo presidencial. Su gestión se caracterizó por un alto grado de movilización social, protagonizada por nuevos actores sociales (como los ahorristas y las asambleas vecinales) y por el creciente protagonismo de las organizaciones de desocupados. La estrategia adoptada por el gobierno fue la de un paulatino aumento de la represión como mecanismo de "contención" de la protesta social, teniendo como punto más álgido la Masacre de Avellaneda, represión que tuvo lugar en el Puente Pueyrredón el 26 de junio de 2002 y que dejó como saldo un total de 160 detenidos, 70 heridos de bala y 2 jóvenes asesinados. La conmoción y el impacto político de estos hechos obligaron al presidente provisional el adelanto de la convocatoria a elecciones; cuyo resultado fue el triunfo del justicialista Néstor Kirchner, quien había sido gobernador de la provincia de Santa Cruz.

 

El nuevo escenario instaurado por el gobierno de Kirchner (2003-2007) supuso un cambio en las estrategias desplegadas tanto por las organizaciones de desocupados como por el gobierno, y con el correr del tiempo la fragmentación del campo piquetero se fue acentuando. La gestión kirchnerista puso en práctica una batería de estrategias disímiles y combinadas que tendieron a buscar la división del hasta entonces muy movilizado movimiento piquetero. En primer lugar, comenzó a recortarse y a dirigirse discrecionalmente la entrega de recursos, que luego de la crisis de 2001 había aumentado considerablemente. Lejos de haberse concretado la supuesta universalización de los planes de asistencia social proclamada por el ex presidente Duhalde, con el gobierno de Kirchner se reorientó, además, la política desarrollada hacia los sectores desocupados; restringiendo el alcance de los subsidios a la desocupación en curso, así como también dificultando a las organizaciones el acceso al antiguo caudal de recursos, de por sí limitado.

En segundo lugar se apuntó a fragmentar el movimiento piquetero buscando la integración de buena parte de las organizaciones, profundizando una matriz de tipo filo-populista que operó sobre las organizaciones que orbitaban en torno a la misma, ocurrió con las mas claramente alineadas dentro del peronismo pero también con otras marcadamente clasistas, como es el caso de la Corriente Clasista y Combativa (CCC). A su turno, el gobierno fomentó la creación de organizaciones ad-hoc sobre la base de un canal de recursos que comenzaba a abrirse, como es el caso del Movimiento Evita, el cual emerge prácticamente al mismo tiempo que lo hace la nueva gestión. Resulta difícil referirse a la idea de cooptación, puesto que integrar las instancias institucionales es una posibilidad inscripta en el marco de las opciones políticas propias de algunas organizaciones, la Federación Tierra, Vivienda y Hábitat (FTV) es un claro ejemplo de ello. Asimismo, las iniciativas tomadas por el gobierno desde el comienzo de su mandato, se asemejan a las proyecciones políticas de no pocas agrupaciones; lo cual se expresa en el caso de Barrios de Pie, que pasó rápidamente de la confrontación con el gobierno a integrarlo. Sea como fuese, es claro que la oficialización de algunas organizaciones contribuyó a resquebrajar el de por sí disperso espacio piquetero . Estos realineamientos reafirmaron, una vez más, la imposibilidad de pensar en un movimiento articulado, tal como se había esbozado a lo largo del 2001. Frente al relativo consenso en torno a la oposición por parte de las organizaciones de desocupados frente a los gobiernos de C. Menem, F. De La Rúa y, en parte, de E. Duhalde, el gobierno de Néstor Kirchner resquebrajó los anteriores alineamientos y dificultó, para no pocas organizaciones, su reposicionamiento en el nuevo escenario político[1].

En tercer lugar, ante la deslegitimación de la represión abierta como respuesta a la movilización social, agudizada tras la masacre del Puente Pueyrredón, se apuntó a erosionar las estrategias de confrontación a partir del no-reconocimiento de los actores movilizados y sus respectivas demandas, así como también favoreciendo un discurso deslegitimador de la protesta social (a partir de su criminalización y judicialización) que caló entre diferentes sectores sociales. Además, la represión adquirió un carácter más reticular e invisible, puesto que en los barrios las agrupaciones siguieron padeciendo las persecuciones y amenazas. Debemos mencionar, además, la lenta recomposición de la economía, que permitió el surgimiento de un caudal de trabajo -fundamentalmente precario- y el llamado a una normalidad institucional que parecía emerger de la opinión publica tras la crisis del 2001, elementos que dieron marco a una creciente deslegitimación de la protesta. (Svampa, 2005)

Centrándonos en el caso específico del Frente Popular Darío Santillán (FPDS), podemos decir que la posición en relación con el gobierno asume desde su origen un carácter confrontativo. Fundamentalmente, a partir de la promesa incumplida por parte del entonces presidente, N. Kirchner, de crear una comisión investigadora de la Masacre del Puente Pueyrredón que permitiera dar una resolución judicial definitiva en relación con la represión y los asesinatos cometidos. La frustración sobre la expectativa que había abierto el nuevo gobierno, explica la definitiva oposición hacia aquel y la reinterpretación del discurso reivindicativo acerca de los DDHH sostenido por el oficialismo. En este sentido, subrayan una serie de ambivalencias que estructuran una retórica contradictoria por parte del gobierno. Esto se evidencia, por ejemplo, en la reivindicación de la militancia setentista y el discurso de los derechos humanos cuando, según FPDS, no se sostienen los ideales que guiaron la militancia política de los años '60 y '70; así como tampoco los derechos humanos son concebidos como algo a ser garantizado en la actualidad, más allá de los avances que se han desarrollado en esta materia[2]. La defensa de los derechos humanos, en este sentido, parece abstraer cuestiones centrales como la garantía de derechos sociales y económicos fundamentales para garantizar una vida digna y justa.

Desde el Frente se considera que la llegada de Kirchner a la presidencia abrió un nuevo ciclo político. Fundamentalmente, diagnostican una acción estatal que supo operar en la coyuntura pos crisis 2001 dado que, pese a la retórica anti-neoliberal, logró reproducir las condiciones de dominación, y el modelo de acumulación que le fue inherente.

Las organizaciones de desocupados se han visto obligadas a reconvertir sus estrategias políticas frente al cambio de escenario que representó el gobierno de Kirchner. Centrándonos en el campo de los movimientos de desocupados autónomos, podemos hacer referencia, por un lado, al reflujo de algunos movimientos que han tenido centralidad al interior de esta vertiente ideológico-política, y por otro, a la emergencia de una nueva organización -sobre la que trabajaremos en este artículo- que expresa la posibilidad de reposicionarse en la nueva coyuntura político-social, a partir de la realización de un balance acerca de la breve historia del campo autonomista en la Argentina.

En el presente artículo, nos proponemos abordar el proceso a partir del cual un conjunto de Movimientos de Trabajadores Desocupados (MTDs) autónomos impulsan el desarrollo del FPDS desde el año 2003. Nos interesa analizar el modo en que el FPDS se ha constituido en medio de una etapa de fragmentación del campo autonomista, llevando a cabo una profundización de algunos de los principales postulados políticos heredados de los movimientos de trabajadores desocupados, buscando ahondar en un tipo de construcción política que tienda a la conformación de una "nueva izquierda". Esto supone distanciarse tanto de la política propuesta por la izquierda tradicional como por el "autonomismo radical", entramándose en una tradición organizativa ligada con el trabajo de base.

El trabajo que presentaremos fue realizado a partir del análisis de entrevistas en profundidad realizadas a referentes de los diferentes movimientos que conforman el FPDS, así como también del trabajo con fuentes primarias producidas por dicha organización.[3]

APUNTES ACERCA DE LA CREACIÓN DEL FPDS

La formación del FPDS se concreta a partir de la coordinación de un conjunto de movimientos que habían conformado la Coordinadora de Trabajadores Aníbal Verón (CTD AV) -entre 2001 y 2002- y el Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón (MTD AV) desde la Masacre del Puente Pueyrredón[4].

El proceso de constitución del Frente se fue dando no sin problemas, y a lo largo de diferentes discusiones, en los que se expresa la impronta que posee "La Verón" para los movimientos de desocupados y, por tanto, las dificultades ligadas con el cambio de nombre. La ahora mítica "Verón" se reivindica como experiencia de coordinación entre diferentes movimientos de desocupados autónomos y en tanto expresión de una herramienta común de la lucha propia del movimiento piquetero. Asimismo, es revalorizada como expresión de la posibilidad de concretar procesos de unidad.

Sin embargo, la reinterpretación de las anteriores experiencias de coordinación se produce de manera crítica, en la medida en que si bien aparece como antecedente para la conformación de un Frente como el que existe actualmente, se observa la limitación que presentaban en tanto favorecía la coordinación -únicamente- entre sectores desocupados. Además, como veremos mas adelante, desde el FPDS se cambian los términos a partir de los cuales se postula la relación entre los diferentes movimientos, quedando más relegada la noción de "coordinación" y profundizando en la de "articulación".

Si nos detenemos a analizar las razones que explican el nombre que se elige para esta nueva organización, vuelve a hacerse evidente el modo en que se postula la construcción de una identidad nueva a la luz de la resignificación de la anterior. Ahora bien, a partir de la consideración del nombre podemos plantear no sólo el modo en que se construye una nueva identidad, sino además y fundamentalmente, la reconfiguración -en el cambio de coyuntura - del proyecto político sostenido por este.

 

Los significados de un nuevo nombre

En este apartado nos proponemos hacer algunas reflexiones en torno a los cambios ligados con la construcción de nuevo espacio de articulación, a partir de la conformación del FPDS. Trataremos de analizar el significado que posee la elección del nuevo nombre, considerando las nociones de "Frente", "Popular" y la interpretación sobre la figura de "Darío Santillán", quien fuera asesinado en la Masacre del Puente Pueyrredón.

 

El "Frente Popular": En torno a la unidad y la constitución de un (nuevo) sujeto popular.

Las nociones de "Frente" y "Popular" permiten expresar la voluntad de constituir un nuevo sujeto político. Ante la interpelación en tanto trabajadores desocupados-característica de los MTDs[5]-, se apunta a la formación de un nuevo colectivo multisectorial, que permita superar aquello que se consideran como "limitaciones" de la izquierda tradicional. Así, se definen como parte de una nueva izquierda, que se opone tanto a las formas de construcción política de los partidos de la izquierda como a la tendencia creciente a la fragmentación que le es característica. El contenido de esta nueva izquierda se construye a partir del reconocimiento al interior de una trama autónoma, que se opone a las "nuevas configuraciones de izquierda" en las que se rechaza toda idea o referencia a un "sujeto" político.

A partir de las ideas presentadas, podemos hacer referencia al modo en que se piensa la configuración de un nuevo sujeto popular. Este puede ser entendido, por un lado, como producto de un proceso de articulación de los sectores populares autónomos, es decir, a partir de la idea de multisectorialidad. Por otro lado, el carácter popular de aquel, se define en oposición al populismo, por cuanto se considera que este último construye sujetos "pasivos" y sin capacidad de acción.

La idea de pueblo, tal como es reinterpretada en el FPDS, puede ser analizada desde dos puntos de vista complementarios, uno "prospectivo" y otro "retrospectivo"[6].

La noción de pueblo expresa la voluntad de constituir un nuevo espacio de articulación entre diferentes sectores sociales. En el marco de un cambio profundo de coyuntura política, se busca sobrepasar la dinámica sectorial de la organización colectiva, tal como esta venía dándose entre los desocupados. Es por eso que desde el FPDS se apunta a la confluencia con distintos sectores (especialmente estudiantiles, ocupados, campesinos y culturales) en función de llevar adelante la construcción de poder popular a los diferentes ámbitos ligados con sectores sociales que lo componen (trabajadores, estudiantes, desocupados). La multisectorialidad del FPDS no se trata de la adhesión, solidarización o coordinación para con las luchas de otras organizaciones, sino de la interpelación y el paso a la acción en tanto que colectivo, como "pueblo", conformado por los distintos sectores movilizados.

La reinterpretación de la noción de "pueblo", por otro lado, puede ser analizada de manera retrospectiva, es decir, a partir de la construcción de un relato histórico y de tradiciones a partir de las cuales es interpretada su emergencia. La reconstrucción de una tradición, a la luz de la cual se interpreta el origen del FPDS, se realiza sobre la base de la idea de "pueblo", de dos modos complementarios. Por un lado, en la recuperación de un conjunto de tradiciones políticas divergentes (en un arco que abarca desde el anarquismo hasta el peronismo) a partir de la filiación de los diferentes militantes que conforman el Frente. Por otro lado, en la recuperación de disímiles coyunturas y experiencias de movilización social. Si bien estas últimas son heterogéneas y variadas, consideramos que es posible hacer alusión a algunas de ellas, con el fin de expresar cómo son interpretadas y en qué sentido se las recupera como parte de la experiencia histórica ligada con la construcción de un sujeto popular.

Podemos referirnos, en primer lugar, a la reinterpretación acerca de la experiencia del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de México y al Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil. El levantamiento zapatista es interpretado como una de las formas que adquiere la resistencia al neoliberalismo y en tanto expresión de una forma de construcción política autónoma que impugna la representación, bajo la consigna de "mandar obedeciendo". La referencia al Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil se realiza a partir de la evaluación de que su experiencia pone en primer plano la "necesidad de construir organización". Este caso, es reinterpretado a la luz de los procesos organizativos de los movimientos de desocupados y en relación con la importancia de avanzar, partiendo de la democracia de base, en la conformación de un:

"movimiento democrático a la vez que dotado de una estructura orgánica que permitiera abordar desafíos mayores, tanto en el plano de la lucha social como de la proyección política. De la misma forma esquivamos las definiciones que pregonaban el antipoder, la negación del poder (...) para proponer la construcción del poder popular, una forma de definir al imprescindible proceso de acumulación de fuerzas que tenemos por delante, proyectando nuestros movimientos hacia la lucha política, entendiendo que, además de tener presente la necesidad de la ‘toma' del poder del Estado, debemos construir poder desde ahora en el seno de la clase trabajadora y los sectores populares como única forma de ir alterando la correlación de fuerzas a nuestro favor, y de prefigurar con los espacios de construcción que vamos conquistando, los valores de la sociedad que queremos"

(Fuente: "Voces de Nuestra América", FPDS).

 

Sin embargo, se destaca el contraste de ambas experiencias en relación con aquella que se ha venido desarrollando entre los sectores desocupados en la Argentina; por cuanto se remarca la dificultad -en este último caso- de avanzar en una construcción política sectorial. Pese al protagonismo desarrollado durante varios años por los sectores desocupados, enfatizan la relevancia de que un movimiento como el que se viene desarrollando sea mutlisectorial.

En segundo lugar, se realiza una recuperación de los procesos de movilización que se han producido a lo largo de las últimas décadas en la Argentina. Es muy significativa la consideración que se realiza en relación con los procesos de movilización que han tenido lugar durante la década del ´70: de los cuales se critica el "dirigismo y vanguardismo, la visión partidocéntrica y el contenido instrumentalizador-objetivador que le era originalmente consustancial" (Mazzeo, 2007: 67). Es por ello que se recuperan, especialmente, aquellas experiencias que reconocían la importancia del trabajo político de base, tales como el clasismo, el sindicalismo de base y la teología de la liberación.

Por último, podemos hacer referencia al modo en que la trayectoria de movilización de los desocupados aparece en la trama histórica construida por el FPDS, a la luz del cual se postula su emergencia. Las organizaciones de trabajadores desocupados aparecen como máxima expresión de la resistencia popular de la década del '90, aquella que se hace heredera y da continuidad a los procesos de movilización de la década del ´70. Siendo el último gobierno de facto (1976-1983) en Argentina, aquel que originó la implantación del modelo neoliberal, continuado y profundizado durante la gestión menemista, los desaparecidos de entonces son reinterpretados como aquella generación aniquilada que reaparece en los piquetes de los desocupados.

Las diferentes referencias mencionadas, pueden ser entendidas como el intento de construir una tradición en torno a la cual se vuelve posible comprender la conformación de una organización como la que desde el año 2003 comenzó a cobrar existencia. Como hemos señalado, es en la recuperación de dichas experiencias como se vuelve inteligible, además, una definición de "pueblo" en tanto nuevo sujeto del cambio social.

 

Un nuevo ethos militante: sobre la figura de Darío Santillán.

En este apartado quisiéramos plantear algunas reflexiones en torno a la figura de Darío Santillán, que es retomada en el nombre de la nueva articulación.

La utilización del nombre de uno de los "caídos en lucha" es un elemento constitutivo de la identidad de los movimientos de desocupados, como puede verse en los nombres que llevan diferentes MTDs, así como las coordinadoras que estos han llevado adelante[7]. Ahora bien, dichos nombres eran tomados -fundamentalmente- de aquellos que habían sido asesinados en diferentes cortes de ruta o acciones de protesta en general; es decir que expresaban la resistencia y confrontación de los sectores desocupados. Ante la construcción de un Frente Popular, se plantea una discusión en torno a la necesidad de recuperar una figura que exprese no sólo la resistencia piquetera sino, además, la de otros sectores a los que se convoca para la formación de un espacio de articulación.

La elección del nombre de "Darío", si bien se trataba de un militante desocupado, es entendida como símbolo del "conjunto de la lucha popular, incluso mas allá de la pertenencia a nuestra organización". Para comprender esto último, debemos referirnos, por un lado, al modo en que se construye la narrativa del 26 de junio de 2002 y, más específicamente, al modo en que Darío es asesinado en la Masacre del Puente Pueyrredón. Por otro lado, a la interpretación -a través de la figura de Darío Santillán- de la aparición de una nueva generación de militantes jóvenes, que encarnó el proyecto original de los MTDs y se mantiene fuertemente dentro del FPDS.

Con respecto a lo primero, la narrativa sobre el asesinato de los dos jóvenes ("Darío" y "Maxi") es construida como manifestación de una de las dimensiones del cambio social que estos movimientos sostienen. La muerte de Darío se produce cuando, en medio de las corridas desatadas por la represión, éste decide volver al hall de la estación Avellaneda a socorrer a Maximiliano Kosteki, quien había sido herido de bala. Una imagen casi mítica mostró a Darío con una mano tomando la de su compañero y la otra levantada frente a las armas policiales pidiendo que "no disparen". Obligado por las fuerzas policiales, Darío debe salir corriendo y, una vez de espaldas, es alcanzado por otra bala que le causa la muerte. En el relato, la muerte no aparece significada como un momento sacrificial en la lucha por una causa trascendente, sino como el mayor testimonio pensable del vínculo solidario: aquel en el cual el riesgo de una vida sólo se justifica a través de la protección de otra. La figura de los dos jóvenes aparece como expresión de las prácticas "prefigurativas" de la sociedad por venir. (Pérez et. al, 2007). Lejos de las estrategias electorales y la participación en instituciones, para estos movimientos el cambio social esta asociado con la transformación de los valores y las relaciones cotidianas, generando vínculos de solidaridad y cooperación, la creación de mecanismos de toma de decisiones asamblearias donde se promueve la participación y el mutuo reconocimiento, y la recreación del trabajo a partir de formas autogestivas y "sin patrón". En este sentido, la referencia a Darío permite articular los diferentes sectores del FPDS que comparten una definición semejante acerca de cómo se construye el cambio social[8].

Con respecto al segundo punto, en la elección del nombre se expresa la necesidad de construir un tipo de referencia ligado con las experiencias de lucha y resistencia contemporáneas; es decir, aquellas de la que todos los integrantes del FPDS son protagonistas. La figura de Darío es construida tanto a partir de los atributos más característicos de la figura del "héroe"[9], como por el hecho de constituir "uno más entre nosotros". Como propone un referente:

"No es casual que nos identifiquemos con Darío, y no por ejemplo -que no estaría mal- con Agustín Tosco[10] o con otro luchador que puede haber tenido alguna referencia en un momento dado. [Nosotros] mayormente somos jóvenes y [queríamos] empezar a reflexionar la historia argentina desde el presente (...) vemos fuertemente la necesidad de aprender nuestra historia, pero también la necesidad de construir una identidad que nos permita ubicarnos y ser protagonistas a nosotros de esa identidad (...). En este momento la Argentina está viviendo una situación muy particular y las respuestas que nosotros podamos dar, tienen que ser también particulares. Que no quiere decir que no estén enmarcados en un proceso histórico (...) pero nosotros queremos ser protagonistas de la lucha que estamos dando"

(Entrevistado III, FPDS, octubre de 2005).

 

Tensiones y desafíos en relación con la experiencia de los Movimientos de Trabajadores Desocupados.

En este apartado nos proponemos analizar más particularmente la relación entre los movimientos de desocupados y el FPDS. En este caso, el vínculo no puede pensarse únicamente como lo hemos propuesto mas arriba, es decir, como parte de la construcción de una tradición. La conformación del Frente no sólo es impulsada y referenciada por los sectores desocupados autónomos, sino que además estos constituyen el sector con mayor presencia dentro de dicho movimiento. Sin embargo, las redefiniciones presentes en esta articulación muestran algunos de los límites dentro de la lógica de construcción política más característica de los Movimientos de Trabajadores Desocupados.

 

Redefiniciones en torno a la figura del desocupado.

En primer lugar, podemos hacer referencia a los límites que muestra un tipo de construcción política ligada con la figura del "desocupado".

Desde la formación de los MTDs hacia mediados de la década del ‘90, el problema de la desocupación aparecía como el eje a partir del cual se convocaba a la participación de los habitantes de los barrios en los que estos tienen inserción territorial. Así, el desarrollo de emprendimientos productivos autogestionados[11] aparece desde hace tiempo atrás y se liga fuertemente con la necesidad de construir una cultura del trabajo "sin patrón" y autogestiva. Si bien en el desarrollo de los grupos productivos podemos observar un elemento de continuidad, es posible referirnos al modo en que -actualmente- comienza a cuestionarse la idea de que quien participa de aquellos deba seguir definiéndose en tanto que Trabajador Desocupado. En relación con esto, es significativo mencionar las discusiones que, desde hace varios meses, vienen produciéndose en relación con la modificación del nombre que lleva el sector de "desocupados" por el de "territorial". Además, esto último supone repensar el lugar de los MTDs en los respectivos barrios en los que se encuentran, a partir de una lógica mas parecida a la de los "movimientos vecinales" o "territoriales". Según un referente:

"Estamos en una etapa de transición, donde vemos como muy interesante pasar del viejo formato de movimiento de trabajadores desocupados a movimientos vecinales, movimientos barriales, que tomen con mucha más decisión cuestiones como la tierra, la vivienda, la salud, la educación y, por supuesto, el trabajo. Que no es que antes no se tuviera en cuenta eso, en realidad los movimientos siempre se pensaron como movimientos más amplios, pero era tanto el centralismo que tenía la reivindicación por planes y mercadería que a veces no te dejaba mucha margen para llevar adelante otras tareas. Y además porque el formato MTD, nosotros pensamos, también marcaba una especie de separación entre el movimiento y el resto del barrio, es decir, definir la pertenencia al movimiento por tener o no tener el plan [subsidio a la desocupación], un poco a veces en lugar de integrar, separaba."

(Entrevistado IV, FPDS, agosto de 2007).

Asimismo, la dinámica de movilización que han mostrado las organizaciones de desocupados autónomas, donde el corte de ruta adquiere un significado central, parece ponerse en cuestión a partir del modo en que el FPDS interpreta el cambio de coyuntura política. La política desmovilizadora del nuevo gobierno, sumado a la interpretación respecto del "limite histórico" que presenta el corte de ruta como formato de protesta (considerando su creciente falta de legitimidad social), llevan a replantear los objetivos del Frente y evaluar la importancia de enfocar la construcción política en lo que denominan la "vuelta" a la construcción política territorial.

En relación con lo anterior, como propone un referente del FPDS:

"La identidad piquetera pasó a ocupar un lugar más relegado no específicamente por este proceso del Frente, sino por la coyuntura política más general. Hay, si se quiere, un agotamiento (...) Y se generó un desgaste por errores, creo yo, de esa generalidad que podemos definir como movimiento piquetero, que llevó a un repliegue como movimiento social y como identidad también. En nuestros movimientos vos vas a escuchar [que] nuestros compañeros siguen reafirmando los cantitos ‘Piqueteros carajo' y eso se mantiene, pero es cierto que hay un menor orgullo, si se quiere social, de lo que era en su momento ser piquetero, que tenía mucha más legitimidad y mucha más proyección"

(Entrevistado V, FPDS, agosto de 2006).

Acerca de los modelos de activismo político[12].

Consideramos sumamente interesante analizar los cambios que imprime la conformación del FPDS en relación con los modelos y formas de activismo. Las formas de participación que han desarrollado los referentes de los MTDs pueden ser entendidas como un tipo de militancia "de tiempo completo", donde la condición de desocupados y la temprana edad de muchos de los militantes de los MTDs, favorecen un tipo de activismo en el cual la militancia no constituye un aspecto más de la vida, sino "la vida misma". Si bien en el modo de funcionamiento y organización interna del Frente volvemos a encontrar estos modelos de activismo, podemos hacer referencia al modo en que esto comienza a ser problematizado.

Por un lado, para muchos jóvenes de los MTDs la militancia "de tiempo completo" es producto de una "opción de vida"[13]. La presencia de algunos de los referentes de los movimientos no tiene que ver necesariamente con la pertenencia social a los barrios en los que los MTDs emergen, o con la falta de trabajo, sino -como sostiene uno de ellos- con convertirse en "desocupados por elección", es decir, con una elección militante. Ahora bien, para algunos de estos jóvenes (o quienes lo eran cuando iniciaron su militancia en los MTDs), comienzan a hacerse evidentes los "limites biográficos" del activismo (Piven y Cloward, 1992; Mc. Adam y Paulsen, 1993). Uno de los referentes del FPDS señala cómo, los modelos de militancia mas característicos de los MTDs marcaban ciertos límites a la participación, así como a la posibilidad de crecimiento de los movimientos:

"Un compañero que viene de un sector juvenil, un compañero que viene de un trabajo concreto, en el Estado, en una fábrica, docente, lo que sea. ¿Qué hacía? Tenía que desocuparse para poder colaborar con un movimiento de desocupados. Porque en un comienzo era eso: Desclasarse para ser parte de algo. Nos dimos cuenta y lo discutimos. Dijimos, ‘esto es un chiste', (...) cada cual tiene que poder luchar, tenemos que generar la mayor cantidad de focos de lucha posible porque la lucha tiene que ser en tanto sociedad"

(Entrevistado III, FPDS, octubre de 2005).

De este modo, la construcción del FPDS puede ser evaluada a partir de los cambios que imprime en los modelos de militancia de algunos referentes, que se habían convertido en desocupados como producto de una "elección política", y actualmente pueden mantener su vinculación con aquel, dado que, ante la existencia de diferentes sectores y áreas, resulta posible mantener la militancia desde nuevos ámbitos e incluso insertándose en diferentes ámbitos laborales. Sin embargo, esto último se presenta de modo contradictorio actualmente, puesto que si bien la condición de "ocupado" no aparece como restricción para dar continuidad a la militancia en el marco del FPDS, la persistencia de los modelos de activismo más característicos de los MTDs muestra ciertos límites. Como propone un referente:

"La propuesta del Frente tuvo su efecto muy concreto en desocupados, que en alguna medida con la dinámica estudiantil engancha, pero creo que es un gran ausente para el conjunto de los trabajadores (...) porque si vos empezás a trabajar, con la dinámica que existe hoy de laburo, cuándo vas a todos los plenarios, reuniones, cursos de formación... Es decir, el Frente esta muy bueno como modelo pero en algún punto, lo que algunos compañeros notamos, es que todo aquel que no tiene una gran disposición horaria medio que se queda afuera. (...) está bueno como modelo: la participación, que todo el mundo se involucre, que no haya burócratas, pero en algún punto esa dinámica -muy participativa y muy democrática- hay que ver hasta qué punto... cuántos pueden sostener esa dinámica"

(Entrevistado I, FPDS, agosto de 2007).

Por otro lado, la problematización que se realiza en relación con la "militancia de tiempo completo" puede ser analizada en relación con el tipo de construcción política que desde el FPDS se busca fortalecer y consolidar. Como propone un referente:

"Estamos desarrollando un modelo de militancia que tendremos que cambiar si pretendemos un funcionamiento sólido y metódico para nuestra organización. Deberíamos revisar, entonces, el desenvolvimiento militante de los compañeros que militan -militamos- de múltiples cosas a la vez: participación en el ámbito de base, en la coordinadora distrital, en un área, en un espacio, y de paso en otro área y además nos anotamos en otra convocatoria nueva que surge. Somos militantes multirubro, y como diría la abuela, el que mucho abarca poco aprieta (...). Sin caer en el otro extremo ´dirigista', donde el militante ´le pregunte a la organización' donde ´tiene' que militar. (...) Una hipótesis a evaluar, entonces, podrá ser si estamos dispuestos a resignar cierta capacidad de abarcar con el objetivo de apretar"

(Fuente: documento de circulación interna del FPDS).

Finalmente, podemos referirnos a la incorporación de una nueva generación de militantes a partir de la conformación del FPDS. Nos interesa rescatar cómo aquella generación que formó parte de las primeras experiencias en los movimientos de desocupados autónomos marca una distinción en relación con los nuevos militantes, cuya principal diferencia es explicada a partir de la relativa pérdida de centralidad del corte de ruta como forma de presentación pública de los desocupados, así como también, en relación con el cambio de coyuntura política, con la confrontación en general. Siguiendo a un referente cuya trayectoria militante se remonta a los orígenes de los MTDs:

"se nota mucho la diferencia entre los compañeros que participaron antes del 26 de julio, del 19 y 20 de diciembre [de 2001], durante el menemismo, y los compañeros que empezaron a militar ahora, después de 26 de junio, del 19-20 de diciembre, después del kirchnerismo. Hay algo ahí que se nota: hay compañeros que no han vivido esa experiencia y procesan la realidad política desde otro lugar absolutamente diferente... los niveles de enfrentamiento... los compañeros que empezaron a militar en 2003, 2004 en adelante, el tema del enfrentamiento lo ven como algo (...) ajeno totalmente, porque no hay ahora instancias de confrontación; cuando para nosotros era algo totalmente natural, sabíamos que a cada instancia de acción directa podía haber un enfrentamiento, una situación de represión, como mucho mas naturalizado eso... que era parte de las reglas de juego. [Para] los compañeros mas nuevos no"

(Entrevistado I, FPDS, agosto de 2007).

Asimismo, la incorporación de una nueva camada de militantes es problematizada desde otro punto de vista, que nos permite plantear algunas cuestiones importantes ligadas con la conformación del FPDS como articulación política. Los militantes provenientes de la militancia territorial (mas vinculada con los MTDs) han atravesado diferentes procesos y discusiones vinculados con la necesidad que -desde las organizaciones de desocupados- se planteaba en relación con la creación de coordinadoras que permitieran nuclear diferentes sectores organizados a partir de la noción de autonomía política. En este sentido, el FPDS emerge en una relación de continuidad con aquellas experiencias, tal como hemos visto para el caso de "La Verón". Sin embargo, también introduce algunas limitaciones. Según un referente perteneciente a la primera generación de militantes, aquellos que se han incorporado más recientemente:

"[Son] gente muy joven y eso lo vivíamos como una cuestión positiva...que había mucha gente joven dispuesta a pelear, a organizarse (...). Muchos compañeros que están haciendo su primera experiencia de militancia recién ahora, y también un grupo de gente que viene de experiencias anteriores y se incorpora al Frente, eso también esta, pero menos (...). Entonces ahí uno se pone optimista, dice uyy...todo lo que hay por hacer... ¡esto va encaminado! Por el otro lado, esto debe tener más que ver con vivencias personales, a mí a veces me da le sensación de que en el Frente se empieza a discutir algo como nuevo y en realidad son viejas discusiones de la Coordinadora Aníbal Verón, uno dice... ¿¡otra vez!? (...). Te encontrás siempre dando la misma discusión, con compañeros nuevos"

(Entrevistado I, FPDS, agosto de 2007).

Aquí podemos entrever una de las tensiones que introduce la conformación del Frente, y que abordaremos más adelante, por cuanto permite crecer a partir de la incorporación de más y nuevos militantes, al mismo tiempo que plantea algunas dificultades y desafíos ligados con el desarrollo de un tipo de construcción política autónoma.

Las transformaciones en el plano político ideológico al interior del FPDS.

Finalmente, para el análisis de las tensiones que presenta la constitución del FPDS en relación con las trayectorias organizativas de los MTDs, podemos referirnos a los cambios que están produciéndose en el plano de las orientaciones político-ideológicas. No pretendemos desarrollar una descripción exhaustiva del mapa ideológico del FPDS, sino abordar aquellos núcleos que expresan más claramente las tensiones con respecto a las definiciones más características de los MTDs.

Es con el advenimiento del gobierno de Kirchner y la ruptura con el MTD Aníbal Verón cuando comienzan a cobrar fuerza distintos planteos y discusiones en torno a la posibilidad de que el Frente se constituya en una herramienta política. Esto permite comenzar a introducir algunas de las críticas que se formulan desde y hacia la noción de autonomía. En este sentido, como podemos ver en la afirmación de un referente, comienza a plantearse que "la dinámica del movimiento social es un poco cómoda, porque es como que siempre esta esa cosa de que uno va a protestar, va a exigir (...) y bueno, no se platea el desafío de lo que implica que yo no quiero que esto funcione así, [que] tiene que funcionar de otra manera, entonces: qué propongo yo" (Entrevistado I, FPDS, agosto de 2007).

Sobre la base de este diagnóstico, es que se abre la discusión acerca de cómo construir una organización política. Aún cuando no se busca llegar a una definición cerrada y uniforme sobre el modo en que efectivamente se construirá un sujeto político que pueda englobar las distintas experiencias de organización de los sectores populares y genere las condiciones de posibilidad para el cambio revolucionario.

Esto último va de la mano con algunos cambios producidos en relación con la concepción específica de cambio social. Si bien se recupera el sentido que había adoptado en la experiencia de los MTDs, a partir del cual se postulaba la transformación de las relaciones sociales en y desde abajo, se agrega a esto último una definición del cambio social entendido como cambio revolucionario. Desde los movimientos de trabajadores desocupados, la idea de cambio social era planteada como la transformación de las relaciones cotidianas en tanto que prefiguración de la sociedad por venir. El problema con esta definición es que acotaba de algún modo las acciones al plano local o incluso interno de la organización, dejando poco claras las pautas que permitirían una transformación radical de la sociedad[14].

En este sentido, la relación con el Estado puede ser pensada desde dos puntos de vista complementarios. Por un lado, se demanda al Estado el cumplimiento de su rol como garante de los "derechos ciudadanos" en el marco de la sociedad capitalista, en este sentido aparece fuertemente la demanda en clave de derechos (al trabajo, a la educación, a la vivienda, etc.). Sin embargo, por otro lado, la construcción política del FPDS supone el antagonismo con el Estado, a partir del desarrollo de un proyecto político autónomo que apunta a la transformación social -a través de la participación de los sectores populares- en la gestación del socialismo. En palabras de uno de los militantes del FPDS:

"vos luchás por un proyecto. En la medida que hay un Estado o un elemento que obstaculiza tu proyecto, luchás contra eso porque se opone a lo que hacés. Entonces, hay como una reivindicación que es: (...) el Estado tal cual existe formalmente dice que garantiza ciertas cosas, entonces si no las garantiza vos tenés que luchar porque garantice aquello que dice que va a garantizar; a la vez que vos luchás por instituir otro tipo de Estado"

(Entrevistado I, FPDS, agosto de 2007).

En línea con lo anterior, el planteo acerca de esta disputa por el Estado aparece como un aspecto novedoso, por cuanto no se trataba de una cuestión problematizada -a la hora de pensar el cambio social- entre los movimientos de desocupados. Tampoco existe una respuesta cerrada en relación a cómo sería aquella disputa por el Estado, considerando que estos sectores -autónomos- mantienen la idea de que no es a través de la toma del poder como el cambio social puede concretarse, a diferencia de otras organizaciones sociales y políticas de la izquierda mas tradicional. En este sentido, resultan interesantes algunos planteos que se han comenzado a esbozar, vinculados con la posibilidad de construir una "nueva institucionalidad" (Mazzeo y Stratta, 2007) con miras a la realización efectiva del cambio revolucionario planteado, aún cuando no terminan de quedar claras las implicancias que esto tendría ni las características que adoptarían las instituciones creadas. De este modo, el hecho de constituirse en una herramienta política de la mano del cambio social propuesto los enfrenta al desafío de establecer modos de intervención y participación política que, desde la independencia del Estado, los lleve a encontrar espacios donde puedan consolidar su proyecto político.

En síntesis, las cuestiones planteadas aluden directa o indirectamente a una de las discusiones que se encuentran en curso en el FPDS acerca de lo que puede pensarse como "limitaciones" del autonomismo; surgidas a partir del cambio en la coyuntura política y de la evaluación de las experiencias previas de movilización. Como mencionamos, estas "novedades" se expresan en el planteamiento de la necesidad de desarrollar una nueva forma de construcción política, donde cobra relevancia la apuesta a conformar una "herramienta política", así como también en la introducción de una nueva dimensión para pensar - y llevar adelante- el cambio social. Es así como comienzan a discutirse algunas de las dificultades ligadas con un tipo de construcción política autónoma; como sostiene un referente:

"El autonomismo no le encuentra la vuelta de tuerca a como toda esa frescura, esa creatividad...todo eso sostenerlo en el tiempo, darle una organicidad un proyecto sin caer de nuevo en los viejos moldes, en los viejos esquemas. Y en eso me parece que una de las cosas que peca el autonomismo es en falta de sistematicidad (...). Si vos no te planteás como gobierno, no planteás ni una forma de gobierno, ninguna propuesta de país, algo pasa, porque la va a proponer siempre otro. (...) ahí me parece que hay una cosa que el autonomismo, el Frente, lo tiene que resolver en los próximos años o se estanca ahí...como una experiencia interesante que tuvieron los desocupados en el gran Buenos Aires "

(Entrevistado I, FPDS, agosto de 2007).

 

CONSIDERACIONES FINALES

La creación de diferentes movimientos autónomos ha marcado fuertemente las experiencias de organización colectiva desde la década del 90. Si es en la crisis de 2001 cuando, bajo la consigna "Que se vayan todos", hizo eclosión el reclamo y la creación de nuevas modalidades de pensar la política que eran desafiantes de los modelos representativos, delegativos y de las mediaciones institucionales; estas consignas se hacen patentes desde un conjunto de movimientos de desocupados que inauguran y ensayan, frente al rechazo a las cuestiones mencionadas, modalidades de toma de decisiones basadas en criterios como los de autonomía, horizontalidad, democracia, etc. (aún cuando se han producido transformaciones en estas definiciones al interior del campo autonomista, a lo largo del tiempo). En este sentido, la autonomía puede pensarse como expresión de la oposición a ciertas modalidades de construcción política. Ahora bien, cabe preguntarse si esta puede considerarse únicamente como el rechazo hacia las formas de representación política tradicionales o si resulta posible comenzar a plantear nuevas formas de gobierno autónomas. Es decir, de qué modo, en el marco de la autonomía, puede darse la construcción de una herramienta política cuyo horizonte sea la construcción de un proceso político contrahegemónico y que, al mismo tiempo, apunte a la creación de nuevas formas de institucionalidad.

Si a grandes rasgos podemos decir que el autonomismo ofició como una suerte de recambio frente a las prácticas ya evidentemente anquilosadas que tiende a desplegar la izquierda partidaria, lo cierto es que en el último tiempo no han sido menores los dilemas propios del campo político autonomista. Las ambivalencias aparecieron en los últimos años: la dificultad para gestar instancias de articulación que sobrepasen el horizontalismo radical, una excesiva mirada en lo social que le impedía proyectarse en la esfera política, la tendencia a la atomización y el enclaustramiento; entre otros elementos que fueron surgiendo con el correr de la práctica política. Lo que este trabajo busca subrayar es el modo en el que el FPDS se encuentra procesando estos dilemas, a la par que busca generar un salto que no signifique desechar algunos de los aspectos más novedosos que representa el autonomismo. En este camino, tal como hemos visto, se proponen situar en la coyuntura contemporánea la practica política que desarrollan, al mismo tiempo que recrean una historicidad de la lucha popular argentina; de ahí que se referencien en diferentes experiencias políticas, que van desde el anarquismo de principios de siglo al basismo que caracterizó buena parte de la militancia política de los años 70.

En esta línea, consideramos relevante esbozar algunas reflexiones e interrogantes en torno a la construcción del Frente. En principio, se presentan algunos evidentes: ¿Hasta qué punto será posible crecer organizativamente en un contexto de relativa recomposición de la legitimidad gubernamental y de la figura presidencial?, ¿De que manera es posible construir un proyecto y una práctica política capaz de interpelar a la multiplicidad de sectores que componen el FPDS, considerando especialmente el lugar y tipo de participación de los trabajadores ocupados?, ¿cómo y qué forma puede adquirir la construcción de un "sujeto popular", considerando la persistencia en la cultura política Argentina de una idea de lo popular marcada muy fuertemente por el peronismo y una matriz de corte populista? ¿De qué modo resulta posible generar instancias de representación y toma de decisiones que no supongan reponer el esquema de funcionamiento interno verticalista y que permitan sostener una construcción política de base? Cabe mencionar que parte de los interrogantes que hemos planteado, expresan algunos de los temas que actualmente están discutiéndose al interior mismo del FPDS.

Para concluir, consideramos que el análisis del FPDS aparece como un caso significativo, por cuanto realiza un balance del autonomismo y, al mismo tiempo, esboza modos de seguir construyendo autonomía a partir de la reconsideración de algunas preguntas que anteriormente no parecían susceptibles de ser planteadas. Esto resulta central para el análisis de la historia política argentina, si tenemos en cuenta cómo la participación política popular tiene una fuerte tradición a partir de la cual se la piensa y define bajo el supuesto de la integración al Estado. De este modo, más allá de las limitaciones o desafíos a los que se enfrenta una construcción política autónoma, debemos considerar la relevancia de este tipo de experiencia, especialmente en un contexto en el cual parece reactualizarse la dinámica "integradora" hacia los procesos de movilización social y organización política.

 

NOTAS

[1] En este sentido, cabe mencionar la apuesta que realizó la gestión kirchnerista - a partir de la conformación del Frente para la Victoria (FPV)- de un espacio de "concertación plural" que permitiera crear una articulación transversal. Esto último se hizo evidente tanto en el interior de los sectores movilizados, como hemos mencionado, así como también en el ámbito partidario, donde se buscó el acercamiento de sectores tradicionalmente alejados del peronismo (como puede observarse entre los nuevos "radicales K" y algunos sectores del socialismo). Sin embargo, siguiendo a De Ipola (2007), está política "pluralista", partió de una definición insólita de pluralismo, por cuanto este era entendido únicamente en tanto posibilidad de apoyar al kirchnerismo. Asimismo, lo insólito de aquella definición se expresó en la actitud intolerante hacia la formulación de opiniones divergentes, críticas u opositoras sobre el gobierno, tanto dentro como fuera de aquel.

[2]En este sentido, podemos hacer referencia a cuestiones tales como: la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida; la activación de los juicios contra la impunidad; la creación del Museo de la Memoria en el edificio de la Escuela de Mecánica de la Armada así como la entrega del edificio a la Secretaría de Derechos Humanos.

[3] Ambas fuentes son resultado de un trabajo colectivo realizado por el Grupo de Estudios sobre Protesta Social y Acción Colectiva (GEPSAC), Instituto de Investigaciones Gino Germani, UBA; de cual los autores forman parte como investigadores tesistas.

[4] Las fracturas de estas coordinadoras se producen a partir de diferencias político-ideológicas entre algunos de los grupos que las conformaban y que se tradujeron en realineamientos entre los diferentes movimientos.

[5] En sus orígenes, los MTDs han creado un nuevo modo de identificación colectiva a partir del desplazamiento de la figura del "desocupado" hacia la del "piquetero" y/o "trabajador desocupado". Dicha reinterpretación -a la luz de los procesos de organización colectiva- permite: 1) deconstruir la explicación del problema del desempleo en clave de autoculpabilización, a partir de la creación de un "nosotros" donde el desempleo no es asumido individualmente, sino como condición de posibilidad de procesos de organización colectiva. Dicho principio de interpretación, no se deriva de la "inactividad" característica de la condición de desocupado, sino de la afirmación positiva y activa ligada tanto con la militancia en un movimiento como con la posibilidad de crear, al interior del mismo, espacios de trabajo autogestivo. La interpelación en tanto que "piquetero", se desprende de la centralidad que posee el formato de protesta a partir del cual estos sectores se hacen visibles, siendo uno que crea un escenario de reconocimiento colectivo que revierte la exclusión individualizada a partir de la reaparición del cuerpo vivo en la lucha política y el espacio público que el modelo delegativo y mediatizado de representación había prácticamente clausurado (Pérez, 2005). En tanto "trabajador desocupado", la identidad que funda se basa en el reconocimiento del carácter transitorio de la desocupación, así como también -particularmente en algunas organizaciones- se vincula con la posibilidad de promover la participación de sus integrantes en emprendimientos productivos. 2) La construcción de un nuevo marco interpretativo a partir del cual se atribuyen responsabilidades políticas y económicas a un tipo de modelo que auspiciaba como productor de altos índices de desocupación y exclusión social. 3) En relación con las cuestiones mencionadas, la reinterpretación de los subsidios al desempleo como un "derecho adquirido", producto de la movilización social y la organización colectiva, antes que como resultado de la asistencia social dirigida a poblaciones desfavorecidas (Svampa y Pereyra, 2003).

[6] Según Koselleck (1993), el tiempo histórico puede ser aprehendido a partir de dos nociones relacionadas: las de experiencia y expectativa. La primera, expresa cómo el pasado se hace presente de un modo que no es ni lineal ni aditivo; razón por la cual el autor sostiene que "no hay una experiencia cronológica mensurable" (1993:339). La expectativa, complementaria de la experiencia, remite al modo en que el futuro se hace presente. Si bien la relación entre ambas nociones es de mutuo condicionamiento, una no puede deducirse totalmente de la otra: por un lado, siempre puede suceder algo distinto a lo que se espera y, por el otro, el futuro no puede derivarse mecánicamente del pasado histórico.

[7] No son pocos los MTDs que tomaron para sí nombres de caídos durante la represión reciente. Por ejemplo, el Movimiento Teresa Rodríguez tomó su nombre de quien fuera asesinada en 1997 durante la segunda pueblada de Cutral Có, en la provincia de Neuquén. La Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón, que nucleaba a organizaciones del sur de la provincia de Buenos Aires, también refiere a una de las víctimas de la represión en un corte de ruta, asesinado en la provincia de Salta en el año 2000. Asimismo, Javier Barrionuevo era un integrante de dicha coordinadora asesinado durante un piquete en el conurbano bonaerense y un MTD lleva su nombre.

[8] Como veremos mas adelante, la consideración que se realiza acerca del cambio social adquiere una nueva característica en el marco del Frente.

[9] En una de las fuentes producidas por el FPDS se afirma: "En una sociedad alienada e indiferente, Darío se engrandece por su heroísmo, sencillo y extraordinario a la vez: la capacidad de sentir en los más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte, la indignación y la combatividad ante la represión, y la inmensurable solidaridad, la mas pura, esa que es entrega hasta de la propia vida por los demás. Ahí lo vimos, después de enfrentarse con la policía al inicio de la represión, socorriendo a los compañeros baleados en la primera línea de fuego, alertando a sus compañeros del barrio para que se retiraran, y negándose a abandonar el cuerpo de otro piquetero caído, sabiendo que estaban matando. Negándose a aceptar la muerte como respuesta, la de Maxi a quién no conocía, defendiendo la vida, con la esperanza de salvarlo, ofreciendo la suya a cambio (...) La referencia de Darío, entonces, se eleva a lo más profundo de los valores humanos que no sólo nosotros, sino decenas de miles deseamos para transformar la sociedad. Será difícil poder hacer un descripción similar de otros compañeros caídos, de la Verón o no, que sinteticen tan claramente lo que queremos expresar con nuestra construcción para un cambio social". (Fuente: "Informes breves 4. Apuntes e información para fortalecer nuestros debates", septiembre de 2004)

[10] Agustín Tosco fue uno de los principales dirigentes de los sindicatos que protagonizaron la insurrección popular conocida como el Cordobazo en el año 1969.

[11] Los MTDs se organizaron desde el comienzo a partir de diferentes tipos de actividades que estructuran la vida cotidiana de los movimientos: las productivas, las comunitarias, la participación en acciones de protesta y movilización en general y en las asambleas de los respectivos barrios en los que tienen presencia los mismos.

[12] Este apartado fue realizado a partir de las ideas trabajadas en la ponencia "Biografías y acción colectiva. Relatos sobre la socialización política de jóvenes en organizaciones de trabajadores desocupados autónomas", LASA Internacional Congress (Vázquez, 2007).

[13] Debemos aclarar que es posible identificar diferentes niveles y formas de compromiso entre los integrantes de los MTDs. En el caso de los referentes, podemos referirnos tanto a los modelos de militancia señalados, como también el de aquellas personas provenientes de los barrios donde los movimientos tienen inserción territorial, que han desarrollado un proceso de creciente participación, involucramiento y formación al interior de los movimientos.

[14] Esto se puede relacionar con la interpretación acerca del curso que ha seguido uno de los MTDs cuya referencia ha sido central dentro de las experiencias autónomas en Argentina. Nos referimos al MTD de San Francisco Solano (partido de Quilmes), que desde el 2003 opta por abandonar la movilización callejera para abocarse al trabajo territorial. Esta reorientación se produce en relación con la profundización de la idea de cambio social a partir de la transformación de los vínculos y relaciones exclusivamente en el plano barrial. Es por eso que para los demás movimientos de desocupados autónomos, el MTD de Solano aparece como expresión de una de las derivaciones del autonomismo hacia una posición de tipo "sectarista", donde la idea de autonomía linda con el "aislamiento", por cuanto no constituye un medio para avanzar en la construcción del cambio social, sino un "fin en sí mismo". Esto último, ha sido interpretado como una "hipérbole autonomista", en la cual las instancias de articulación política quedan fuertemente relegadas. Ante esta problemática, en el Frente adquirió cada vez más importancia la distinción entre autonomía, es decir, la independencia con respecto a las formas de la política tradicional, y el autonomismo, visto como una suerte de encapsulamiento.

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FUENTES CONSULTADAS

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- "Oposición del MTD Aníbal Verón ante la represión y las campañas electorales para ‘imponer el orden'", 2003.

- Informes breves 4. Apuntes e información para fortalecer nuestros debates, septiembre de 2004.

- "Convocatoria a la constitución de un frente popular" s/f.

- Conferencia Internacional "Voces de Nuestra América", documento de circulación interna del FPDS, 2007.