Transexualidad femenina en Barcelona

Notas sobre un trabajo de campo

Julieta VARTABEDIAN
Universitat de Barcelona
Reference: 
(con)textos (2008) 1:107-114, ISSN: 2013-0864.

FICHA DE DATOS

Proyecto: Cuerpos bajo sospecha. Identidades transexuales en Barcelona

Localización: ciudad de Barcelona

Período: octubre 2006 - febrero 2007

Introducción

La riqueza de la investigación antropológica reside, según mi opinión, en el trabajo de campo. ¿Pero cómo se posiciona el antropólogo frente a esta experiencia en el terreno? Se puede afirmar que, si antaño se mostraba fuerte e imbatible, con el tiempo hemos descubierto relatos que describen e incluyen las facetas más humanas y personales del investigador[1]. La autoridad del etnógrafo omnisciente empieza a ser cuestionada desde la propia antropología (Clifford, 1991).

En este artículo pretendo reflejar algunas de las experiencias que viví durante el trabajo de campo para llevar a cabo una investigación sobre la construcción de los cuerpos transexuales en Barcelona, con el objetivo de obtener el Diploma de Estudios Avanzados correspondiente al segundo año del Programa de Doctorado en Antropología Social y Cultural de la Universidad de Barcelona (Vartabedian, 2007). Trabajé junto a personas que biológicamente han nacido como niños (o se ha interpretado su cuerpo como tal) y han llevado a cabo algún tipo de cambio corporal en dirección a una identificación con el género femenino. Generalmente se habla de la transexualidad femenina y se refiere a ellas como mujeres transexuales.

El trabajo de campo se desarrolló entre octubre de 2006 y febrero de 2007 a partir de mi participación semanal en el Colectivo de Transexuales de Cataluña (en adelante, CTC) y, por otro lado, acompañando a Àmbit Prevenció-Àmbit Dona (en adelante, Àmbit Dona) en la entrega de preservativos a usuarias trabajadoras del sexo (mujeres no transexuales y transexuales). El trabajo de campo concluyó puntualmente el 1 de marzo de 2007 cuando asistí en Madrid a la aprobación en el Congreso de los Diputados de la Ley reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas (llamada informalmente Ley de Identidad de Género). Esta ley permite a las personas transexuales efectuar un cambio registral del nombre y del sexo en sus documentos de identidad sin la obligación de someterse a una operación genital (como se exigía hasta el momento). Este acto convocó a transexuales masculinos y femeninas de toda España. Un día histórico para la reivindicación transexual.

El CTC es una entidad que se creó para reivindicar y luchar formalmente por los derechos de las/os transexuales. Sus miembros son actualmente mujeres transexuales aunque no se niega ni excluye la participación de transexuales masculinos, de hecho, en sus primeros años de existencia ambos grupos trabajaban conjuntamente. Sin embargo, por diferentes razones, los transexuales masculinos crearon sus propias organizaciones. Cada lunes el CTC se reúne en una sala del Centre Cívic Drassanes. Puede sorprender el bajo número de asistentes (oscila entre dos y cinco personas), pero hay que tener en cuenta dos factores: la participación en este tipo de organizaciones generalmente no es muy numerosa o, mejor en otros términos, es proporcional al porcentaje de personas transexuales en la sociedad global[2] y, por último, quienes buscan algún tipo de ayuda o información puntual una vez satisfechas sus necesidades (o no) se marchan sin dejar rastro. Por lo tanto, sólo dos personas (Elisa y Montse)[3], las responsables actualmente del CTC, asisten puntualmente a cada encuentro. El resto de la población es sumamente móvil. En las reuniones, los temas de discusión son muy variados en función de quiénes participan. Generalmente, las charlas y los debates giran alrededor de dos grandes temáticas: una más política o legal y otra más social, es decir, se brinda información a personas que la solicitan para comenzar un proceso transexualizador (búsqueda de cambios corporales a través de las hormonas o de las cirugías estéticas o quirúrgicas).

Àmbit Dona es una entidad dedicada a la educación sanitaria y social de las trabajadoras del sexo. Sus líneas de actuación están basadas, por un lado, en la reducción de daños a través de estrategias de prevención que contemplan la formación, la información y la educación integral; y, por el otro, la apropiación por parte de las usuarias de los circuitos sanitarios y sociales existentes. Poseen un local en el barrio del Raval y una camioneta itinerante (rutas ya establecidas) que se encarga de repartir preservativos directamente en las zonas donde se ejerce el trabajo sexual.

Las técnicas empleadas a lo largo del trabajo de campo fueron: a) la observación participante, técnica fundamental para mi investigación porque sólo a través de mi mirada (y de sus miradas) pude comenzar a reflexionar acerca de la construcción de sus cuerpos (estas impresiones y observaciones han sido plasmadas en la redacción de un diario de campo); y b) las entrevistas en profundidad semi-dirigidas a personas que representaban perfiles ideológicos y corporales diversos. Toda esta información ha sido complementada con la búsqueda y el análisis de material bibliográfico y documental.

El inicio, mi inicio

Enfrentarnos a lo desconocido nos genera frecuentemente cierta tensión y angustia, y más cuando el futuro de una investigación depende del contacto con esas personas que son las desconocidas. Bueno, quizá no son completamente desconocidas porque estamos rodeados de imágenes estereotipadas que nos dan cierta seguridad frente a las incertidumbres pero que nos terminan conduciendo por senderos engañosos y estériles. Una llamada a Elisa para presentarme y amablemente se me brindó la posibilidad de participar en la primera reunión del CTC. Como hablamos de imágenes y de estereotipos, yo tenía los míos bien acomodados (sólo me cuestionaba el por qué del uso y la apropiación de volúmenes corporales que llegaban, en algunos casos, a lo grotesco) hasta que llegué a ese primer lunes de octubre, en una cálida noche de otoño. También tenía mis temores, ¿por qué no expresarlos?. Me aterrorizaba pensar que ellas sintieran que me presentaba como una espectadora en una función de circo, guiada más por lo ‘exótico' de estos casos que por un interés académico. Afortunadamente, mis pensamientos tuvieron un giro notable.

Fueron llegando de a poco a la reunión, apenas notaron mi presencia. Yo tenía pensada una buena presentación pero sólo después de casi una hora, cuando terminaron de debatir sobre unas enmiendas al Proyecto de Ley de Identidad de Género, obtuve visibilidad. Pronto me di cuenta que ellas están muy acostumbradas a recibir y colaborar con estudiantes, investigadores y periodistas de muy diversos ámbitos. Participan como entrevistadas en distintos medios televisivos y escritos, dominan el lenguaje de la comunicación con mucha soltura y naturalidad. Por otra parte, mi idea de "mujer exuberante e hipersexual" no apareció en ninguna de las cinco personas que conocí ese día. Por el contrario, me encontré con cuerpos - sólo había una excepción- que podrían ser descritos como unisex o ambiguos. Este hecho fue determinante a la hora de definir mi objeto de estudio. Ya no podría más posicionarme desde el análisis de una corporalidad que, si bien existe y es aprovechada por los medios de comunicación más sensacionalistas, no es representativa de todo el colectivo de transexuales. Este primer encuentro me ayudó a reconocer que la variabilidad es enorme y que mi futuro análisis sería más interesante y más complicado de lo que imaginaba en un comienzo.

Las reuniones comenzaban hacia las 19,45 y terminaban a las 21h. Este era el momento en que caminábamos a lo largo de Las Ramblas en dirección a Plaza Cataluña para ir a cenar al local de costumbre. Cada lunes, desde el primer día, compartí con ellas el mismo ritual. La caminata hacia el restaurante se llevaba a cabo de una forma lenta, muy lenta, divididas en pequeños grupos de charla (según el número de participantes), parando en un kiosco donde Elisa buscaba si había llegado algún nuevo cómic, una de sus pasiones. Noté que, cuando venía un miembro antiguo que hace mucho que no participaba, hacían la caminata cogidas de su brazo, en un gesto que interpreto lleno de complicidad y compañerismo. En el local de comidas también se repetía el ritual: casi siempre nos daban la misma mesa y, con muy pocas variaciones, pedíamos los mismos platos de su limitada y costosa carta. Después de meses sugerí, junto a Montse, hacer un cambio, pero finalmente ganó la costumbre y creo que, de alguna manera, la centralidad de su ubicación facilitaba mis desplazamientos en horarios nocturnos (generalmente terminábamos pasadas las 24h).

Las integrantes del CTC, la mayoría profesionales de diversas disciplinas como la ingeniería, la informática, la abogacía, la traducción de idiomas, etc., representan a una parte de la población transexual que ha podido -muchas no sin dificultades- mantener su identidad y forma de vida fuera del mundo del espectáculo y de la prostitución. Están muy politizadas y han desarrollado una conciencia reivindicativa de sus derechos que las diferencia de aquellas personas que tienen otras metas más personales y de supervivencia. Con esto no quiero decir que ninguna transexual dedicada a la prostitución tenga intereses de índole política o colectiva. Sin embargo, no se puede negar que generalmente las sintonías son diversas. Es una equivocación pensar en la comunidad transexual como unida, coherente y con los mismos intereses. ¿Acaso las personas no transexuales nos caracterizamos por la homogeneidad? En fin, me di cuenta rápidamente de que trabajar junto al CTC me daría una visión parcial del tema. Necesitaba contactar con la otra pata de la cuestión, una pata que algunas consideran como la transexualidad "real" (Mejía, 2006). Sin embargo, [...] la gran mayoría de las trans, tanto de las no camufladas como mujeres genéticas como de las camufladas, se dedican a la prostitución y no asoman nunca la cara por los colectivos, cuya existencia, como me pasaba a mí, muchas ni siquiera conocen (op. cit.: 212).

Mi participación con Àmbit Dona ha sido sencilla. Debido a una investigación anterior sobre trabajadoras sexuales ya tenía contacto con esta organización. Me encontraba a las 22h con Marta y Perla en un bar enfrente del recinto de la Maternidad, en Les Corts, donde tenían estacionada la camioneta. Marta es ex trabajadora sexual, travesti -como se autodefine- y una gran conocedora de la mayoría de las usuarias del servicio. Es sorprendente observar el dominio que tiene del ambiente y cómo establece una relación espontánea y frontal con las mujeres no transexuales y transexuales, muchas ex compañeras suyas. Sus casi treinta años como trabajadora sexual la autorizan a convertirse en una institución. Con un estilo directo y audaz (muchas veces incluso mordaz), se maneja como un pez en las aguas de la noche, de la calle, de la prostitución. En mis primeras salidas con la camioneta (los martes por la noche) nos correspondía la zona de Glòries- Arc de Triomf- Rambles. Yo me senté entre Perla, la conductora, una muchacha joven, y Marta. Tenía la bolsa de preservativos y de cremas lubricantes entre mis piernas y mi función consistía en juntar la tanda de preservativos y de lubricantes que entregaba a cada usuaria a través de la ventanilla. Marta, sentada directamente al lado de esta ventanilla, llevaba el registro de la noche: anotaba en una planilla el número de identificación de cada usuaria[4], el número de preservativos entregados (18 por persona) o de lubricantes (4 sobres por persona), la zona de la entrega y, finalmente, si la usuaria era mujer o transexual. Esta última información, que yo miraba siempre de reojo, me ayudó mucho en mis momentos de duda. En este circuito, dominado por las mujeres no transexuales, las pocas transexuales que había pasaban desapercibidas, es decir, muchas no tenían ningún rasgo particular que las diferenciara de las no transexuales. Según Marta, las trans despampanantes están en el Campo del Barça. Las de aquí cuando mejoran ya se pasan al Barça, donde cobrarán más[5].

Como ella me anticipó, la situación se presentó diferente en las salidas de los viernes al Campo del Barça. En primer lugar, el número de usuarias en esta zona era mucho mayor (por ejemplo, en una noche se acercaron a la camioneta 55 trabajadoras sexuales entre mujeres no transexuales y mujeres transexuales). Esto hacía que la jornada de trabajo se extendiera más, o sea, desde las 22,30h hasta la 1 am. En segundo lugar, aquí sí que se encontraban a muchas transexuales de procedencias muy diversas (Brasil, Ecuador, Colombia y españolas de las Canarias, Andalucía, etc.). Sus cuerpos resaltaban por el uso de abundante silicona -caras, pechos, traseros- y por la poca vestimenta utilizada para cubrirlos. La producción (estética, corporal, de vestuario) para trabajar en esta zona era única: osada y exuberante.

Lo cierto es que, además de entregar material profiláctico, se mantenía una conversación cálida y cordial con las chicas. Con quienes se tenía más confianza, se intercambiaban cigarrillos, nos regalaban caramelos, en fin, se generaba un momento de diversión y distracción en las frías noches de Barcelona. En el Campo del Barça, la camioneta siempre se detiene más de media hora en una zona llamada "el descampado", donde se charla distendidamente con las chicas transexuales que ocupan esta zona[6]. Marta y Perla incluso me han contado que, más de una vez, compartieron una fogata improvisada para calentarse junto a ellas.

 

La búsqueda de mi posición

A lo largo de una investigación son numerosos los estados que el/la investigador/a va experimentando. Nuestra posición se va modificando a medida que nos conocen y confían más en nosotros/as, a medida que nos vamos involucrando más. En esta sección quisiera reflexionar sobre este proceso. Me referiré específicamente a mi relación con el CTC, no sólo porque pasé más tiempo junto a ellas, sino también debido a que mi actuación en Àmbit Dona ha sido muy limitada. Con esto quiero decir que no pude (tampoco lo deseaba) modificar los hábitos de trabajo de Marta y Perla para charlar con las trabajadoras sexuales sobre cuestiones más vinculadas a mi investigación. Además, ellas, las mujeres transexuales, estaban trabajando y jamás les hubiera quitado la posibilidad de tener un cliente. Por lo tanto, mi participación en Àmbit Dona fue, sobre todo, de observadora con muy poca interacción no visual con las chicas.

Mis primeros encuentros con el CTC fueron muy agotadores para mí. Tenía mucha información nueva para asimilar en muy poco tiempo debido a que la rapidez mental de Montse me superaba. No paraba ni un minuto de nombrar a personalidades políticas desconocidas para mí, de utilizar conceptos vinculados al ámbito transexual totalmente nuevos en mi universo discursivo o de recordar anécdotas con la mitad de la información a mi alcance, dando por sabido que yo tendría la otra mitad dominada. No es que hubiera malas intenciones en ella, nada de esto. Sólo que la considero una persona muy inteligente y creo que sus pensamientos van a una velocidad meritoria, superando la propia palabra. Claro que los efectos sobre mí no fueron los mejores en los inicios. Si a esto agregamos sus cuotas de humor marcadas por la ironía, la devastación podía alcanzar grados elevados en mí. En fin, así fueron mis comienzos, una mezcla de inseguridades con intimidaciones intelectuales. Supongo que ellas no notaban estas sensaciones: de hecho, no soy la primera extraña que se acerca y quizás estaban ya acostumbras al silencio de personas como yo, convertidas en "la otra" a analizar.

Poco a poco, pude ir negociando un nuevo lugar. Cada vez me asombraban menos los comentarios de Montse, su ironía me divertía y hasta llegábamos a discutir apasionadamente sobre cuestiones políticas y sociales con posicionamientos totalmente opuestos. Con Elisa pronto mantuvimos un nexo de complicidad y debate sobre el tema de la prostitución, temática donde mis conocimientos me daban cierta seguridad. Por otra parte, ellas notaban que mi asistencia era casi impecable, es decir, que me tomaba muy en serio mi participación. Era más que una curiosa que al segundo encuentro desaparecía. Elisa solía decirme, asombrada al ver que era la primera en llegar a las reuniones: Eres una verdadera militante, querida. Supongo que, de alguna manera, me fueron evaluando y descubrieron que mis intereses intelectuales eran inofensivos dado que, como punto de partida en el trabajo de campo, tomé distancia de una visión patológica de la transexualidad, mirada que ellas critican y rechazan. Con el resto de las integrantes tuve buena relación, sobre todo con Paqui, aunque en los últimos meses ella no asistió al CTC.

Si tengo que resumir este proceso, desde mi punto de vista, podría decir que pasé de ser ‘una mascota perdida' que las acompañaba incondicionalmente a una interlocutora válida que disfrutaba de sus encuentros semanales.

Este cambio fue acompañado por mis lecturas teóricas y autobiográficas, por mis charlas con Marta de Àmbit Dona, por mis encuentros con otras transexuales que no participaban del CTC pero que influían desde otros ámbitos, por las entrevistas que comenzaba a realizar. De todos modos, algo curioso me sucedía. Cuanto más me iba comprometiendo con el tema, más tenía la sensación que mi investigación sobre los cuerpos transexuales no tendría sentido. En varias ocasiones me sentí muy ridícula poniendo el acento o preguntando sobre cuestiones que creía importantes y que ellas desmontaban en un segundo. Por ejemplo, al indagar sobre sus hábitos de maquillaje, de vestimenta, etc., muchas me contestaban: Me arreglo como cualquier mujer, ¿por qué tiene que haber algo diferente? Antes que trans soy una persona, como tú o como él. Frente a este tipo de respuestas yo quedaba desarmada totalmente y creía que me acercaba a algo que siempre quise evitar: que tuvieran la sensación de que ellas, en tanto que diferentes, eran "las otras objeto de estudio".

¿Pero no era esto cierto? ¿No las había elegido como mis sujetos de investigación? ¿No es la transexualidad una realidad apasionante y controvertida que genera diversos discursos y posturas? Desechando una mirada positivista, sí puedo preguntarle a una persona transexual si le gusta maquillarse y por qué lo hace. Algunas responderán como en el párrafo anterior, otras tendrán otro tipo de discurso y percepción. Como en todos, como en todas.

Traigo estas reflexiones para reconocer también que me acerqué a esta investigación con todo un bagaje conceptual e interpretativo en tanto que miembro de la sociedad que ha crecido dentro de un sistema de sexualidad dominante. La forma de aproximarme a esta realidad estuvo seguramente condicionada por este bagaje. En consecuencia, uno de los principales retos como antropóloga fue distanciarme y cuestionar no sólo las representaciones de "las otras", sino también tener en cuenta mis propias limitaciones. Podría considerar como limitación, a modo de ejemplo, cómo en varias ocasiones se me escapaba el artículo él para referirme a transexuales que al no iniciar (algunas, todavía) un proceso transexualizador se caracterizaban por tener cuerpos que yo consideraba muy masculinos. De hecho, ¿qué parámetros poseo para hacer esta última afirmación? ¿Cómo se puede determinar qué entrará dentro de la utilización de conceptos como ‘masculino' y ‘femenino'? ¿Existe un modelo fijo y cerrado? Evidentemente, no. Por lo tanto mi mirada, parcial y subjetiva, me acompañó a lo largo de mi estudio, esto es algo difícil de evitar. Sí intenté, sin embargo, no perder la capacidad de cuestionamiento continuo, ya que ningún dato debería ser tomado como dado. Aun reconociendo las limitaciones en mi investigación, pretendí que mi mirada fuera, sobre todo, crítica.

 

¿Una transexual más?

Estos cambios de mi posicionamiento a lo largo de la investigación han ido acompañados, como ya anticipé, de una progresiva aceptación por parte de ellas. Con el tiempo hubo más confianza y complicidad entre todas. Expresiones como tú eres una transexual más, además de divertirnos, lograban que nuestros vínculos se consolidaran. En realidad, nunca tomé en serio esta idea de poder llegar a pasar por una transexual[7] (aunque las primeras ironías de Montse me desconcertaron) hasta que surgieron unos acontecimientos muy puntuales. Al salir de una reunión, caminando en dirección al local de comidas, charlo con una chica transexual que aún no ha iniciado su proceso de cambio y que venía por segunda vez al CTC. En un momento de nuestra conversación me dice con un tono serio y pensativo: ¡Pero tu eres bien femenina, eh!. Me río y le confieso que yo no soy transexual y le explico los motivos de mi participación. Ella, riendo, comenta Ah, ¡pensaba yo ya en el milagro de las hormonas![8]. Otro hecho. El día de la aprobación de la ley en Madrid se organizaba en la noche una fiesta en un bar para festejar el gran evento. Montse y Elisa no acudieron porque ya se habían marchado por la tarde hacia Barcelona. Aunque estaba sin ellas, con un poco de coraje decidí asistir a la fiesta. Allí estuve charlando con una chica transexual, que en un momento me pregunta: ¿Y tú de qué colectivo eres?. Del Colectivo de Transexuales de Cataluña, le respondo (no mentí: en realidad yo llegué a Madrid a través de ellas). Seguimos hablando sobre las operaciones, sus implantes, etc., hasta que llegó la siguiente pregunta: ¿Y tú qué te pusiste?[9]. Riendo, le contesté que por ahora todo era natural, que no soy una transexual. Por último, estos incidentes hacen que no pueda dejar de mencionar un caso más que ocurrió mi primer día de trabajo de campo y que en su momento no tomé en serio. Conocimos directamente en el restaurante a una chica que se acercaba por primera vez al colectivo. Al finalizar la cena se ofrece a acercarme con su coche a mi destino. Acepto. Una vez en él me pregunta, perpleja, si yo también soy una transexual. Al escuchar mi negativa me dice: Ya me parecía que no lo eras, pensaba que eras una lesbiana a lo sumo[10].

Estos hechos, más allá de lo anecdótico, me permitieron pensar en el desconcierto que generé más de una vez en personas que, al no conocer cómo funciona exactamente el CTC y su amplia acogida a miembros ‘de afuera', creían que mi sola presencia o vinculación con este espacio ya garantizaba mi condición transexual y/u orientación sexual. Además, creo que esto no hubiera sucedido -sobre todo en los dos primeros casos relatados- si estas muchachas no hubieran tenido una mínima fe en los cambios posibles sobre los cuerpos. Al parecer, no se cuestionaron la posibilidad que yo fuera una no transexual.

Para terminar, el hecho más visible y gráfico de mi integración surgió cuando -de una forma muy espontánea- Elisa y yo comenzamos a caminar por Las Ramblas cogidas del brazo. Este hecho, quizás insignificante para muchos/as, tiene un valor muy importante para mí debido a lo que representa: confianza. Más allá de los resultados de mi estudio, estoy muy satisfecha con la intimidad que pudimos compartir con algunas chicas. Si bien intenté no perder el rumbo ni mi propia identidad como investigadora, las lentas caminatas por Las Ramblas tendrán siempre un sabor especial para mí.

Este artículo ha sido el producto de un ejercicio de reflexión en primera persona. En todo encuentro antropológico se establece una relación y un diálogo mutuo: tanto "los/as otros/as" y "nosotros/as" (convertidos/as inmediatamente en "los/as otros/as" a ser analizados/as) nos vamos representando en un proceso dual y continuo (Kalinsky y Pérez, 1993). También hay que tener en cuenta que cada investigación nos enfrenta a una variedad de situaciones nuevas ante las que tenemos que responder a partir de la combinación del "buen" saber del antropólogo, del sentido común y de las características personales de quien investiga. Hace tiempo que sabemos en las ciencias sociales que todo conocimiento está condicionado por el sello personal del investigador. Por lo tanto, en este espacio quise destacar, sobre todo, los elementos y los eventos que me hicieron reflexionar como antropóloga y como Julieta. Una unidad.

 

NOTAS

[1] La aparición de los diarios de campo de Malinowski generó una gran conmoción en el ambiente antropológico. Véase: Malinowski (1989).

[2] Desconfío de los datos estadísticos que se manejan sobre este tema, pues creo - al igual que integrantes del CTC- que no son fiables: ¿cómo pueden captar la gran variabilidad dentro del colectivo?, ¿se basan en quienes se han identificado como transexuales y llegan a la esfera médica-psiquiátrica?, ¿y el resto que está invisibilizado y que aún no ha accedido a los ‘circuitos oficiales' o no tiene intención de acceder por no considerar su transexualidad como problemática? Por lo tanto, como es muy complicado (si no imposible) obtener estadísticas mínimamente aceptables, en mi estudio opté por desestimarlas.

[3] Todos los nombres empleados en este artículo son ficticios para mantener el anonimato de quienes intervienen.

[4] Àmbit Dona les otorgaba un número con el cual registraban sus datos personales. Solamente se les pedía que llevaran consigo este número. Muchas lo perdían o se lo olvidaban y, por lo tanto, era frecuente que muchas tuvieran más de un número una vez que se le volvía a hacer uno nuevo. Marta se enojaba muchísimo con quienes se lo olvidaban, amenazaba con no entregarles preservativos la próxima vez que sucediera. Decía: es que se terminan acostumbrando y esto no puede ser. Sin embargo, tengo que destacar la increíble memoria de Marta: podía recordar perfectamente cientos de números -de cinco cifras- de las personas más conocidas y con más años en el ambiente. Con las recién llegadas era mucho más intolerante.

[5] Diario de campo, martes 5 de diciembre de 2006.

[6] Las zonas de trabajo de transexuales y no transexuales están claramente delimitadas, generalmente no se mezclan.

[7] Tal vez convenga aclarar para quienes no me conocen personalmente que mis características corporales se acoplan más fácilmente con el rubro de mujer no transexual.

[8] Diario de campo, lunes 12 de febrero de 2007.

[9] Diario de campo, jueves 1 de marzo de 2007.

[10] Diario de campo, lunes 2 de octubre de 2006.

 

BIBLIOGRAFÍA

CLIFFORD, J. (1991) "Sobre la autoridad etnográfica". En REYNOSO, C. (ed.) El surgimiento de la antropología posmoderna. México: Gedisa, pág. 150-170.

KALINSKY, B.; PÉREZ, G. (1993) "De aquí y de allá: la ambigüedad etnográfica de la otredad". Revista Iztapalapa, 30: 51-65.

Malinowski, B. (1989) Diario de campo en Melanesia, Madrid: Júcar.

MEJÍA, N. (2006) Transgenerismos. Una experiencia transexual desde la perspectiva antropológica. Barcelona: Bellaterra.

VARTABEDIAN, J. (2007) Cuerpos bajo sospecha. Identidades transexuales en Barcelona, tesina del segundo año del Programa de Doctorado en Antropología Social y Cultural, Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Barcelona.